jueves, 4 de diciembre de 2008

Ella, con lágrimas en los ojos, le pidió que se fuera. No podía. Ella le amaba con todo su ser, pero si alguien les veía, morirían. Él, por su parte, estaba dispuesto a defender su amor con su vida.

Los dos, solos, desnudos. Los ojos de ella brillaban de agua marina, fijos en los de él. Él, recorriendo con sus manos cada curva del cuerpo de ella. Un beso metafísico les unía. Un beso que paró el tiempo, y con eso el latido de sus corazones. Eso, y su amor. Él enredó sus dedos en el cabello de ella. Ella acarició el pecho de él. Se miraron. Una mirada lo dijo todo.

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